Nota: Los datos reflejan las medias móviles de 30 días de los diferenciales del brent.
Fuentes: Cálculos de Vanguard, basados en datos de Bloomberg, a 9 de febrero de 2026.
Durante gran parte de las dos últimas décadas, estos diferenciales a corto y largo plazo han evolucionado de forma paralela, reflejando una visión del mercado bastante coherente a lo largo de los distintos horizontes temporales. En 2006-2007, hacia el final del último «superciclo» de las materias primas, se produjo una notable excepción, cuando las fuertes expectativas sobre la demanda a largo plazo, impulsadas en gran medida por China, respaldaron los precios a más largo plazo, incluso cuando los indicadores a corto plazo parecían menos ajustados.
Otra excepción inusual, una inversión del patrón de 2006-2007, acompaña a la expansión actual. Los diferenciales a corto plazo indican unas condiciones actuales de mercado ajustadas, mientras que los diferenciales a más largo plazo sugieren una escasa preocupación por la oferta de aquí a un año.
Entonces, ¿a qué se debe este ajuste a corto plazo? En parte, puede deberse al deseo de acumular reservas para protegerse de posibles interrupciones de la cadena de suministro en un contexto de elevados riesgos geopolíticos. A un nivel más profundo, la naturaleza cambiante de la globalización, que tiende hacia una mayor fragmentación, podría estar entrando en juego.
Los esfuerzos nacionales por dar prioridad a la seguridad de los recursos, relocalizar las cadenas de suministro y reducir las dependencias estratégicas tienen el potencial de reconfigurar los mercados de materias primas. El aumento de la competencia resultante sugiere la posibilidad de que se apliquen primas de riesgo más elevadas a las materias primas, lo que probablemente impulsará los precios a corto plazo, incluso si las expectativas sobre la oferta a más largo plazo se mantienen comparativamente estables.
Habrá que ver cómo evoluciona esta situación. Si la cosa sigue igual en los próximos años, los mercados de materias primas, especialmente los de minerales críticos, oro y energía, podrían propiciar primas de riesgo más persistentes que en décadas anteriores.