Tras más de una década dominada por el mercado de renta variable estadounidense, el excepcional repunte del año pasado en los mercados globales no estadounidenses supuso un cambio notable. Ahora, los inversores se preguntan si la tan esperada «gran rotación» está por fin tomando forma.
Los partidarios de esta teoría consideran que la expansión del mercado va más allá de la renta variable estadounidense de gran capitalización y alta tecnología, y se dirige hacia sectores más intensivos en capital a escala mundial. En todo el mundo, la inversión en infraestructuras, las iniciativas de seguridad energética y la relocalización de las cadenas de suministro están pasando de la fase de planificación a la de ejecución. Esto se traduce en una aceleración de la inversión en activos físicos y en un crecimiento de los beneficios en los sectores relacionados con este cambio.
Europa constituye un claro ejemplo. El aumento del gasto en defensa y la aceleración de la inversión en energías renovables respaldan la demanda plurianual de sectores intensivos en capital, como el equipamiento industrial, los materiales y los servicios públicos. Estas tendencias favorecen a las empresas con activos tangibles, flujos de caja a largo plazo y poder de fijación de precios, áreas que habían estado infrarrepresentadas en las carteras globales durante la era del crecimiento basado en pocos activos. Los efectos también son visibles en los mercados de materias primas y en las economías emergentes que proporcionan insumos clave para estos proyectos.
Además, la huella inversora de una expansión de capital impulsada por la IA se extiende con fuerza por el mercado de renta variable estadounidense. Los gastos relacionados con la IA están impulsando la demanda de semiconductores, equipos de fabricación avanzados y material eléctrico. Muchas de las empresas clave que se benefician de esta tendencia cotizan fuera de Estados Unidos.
La IA también está redefiniendo la dinámica sectorial en Estados Unidos. Las empresas de servicios públicos y energía, valoradas históricamente por sus ingresos más que por su crecimiento, están viendo mejorar sus valoraciones a medida que aumenta la demanda de electricidad y se acelera la inversión en redes.
Los detractores de la gran rotación consideran que la renta variable estadounidense centrada en valores tecnológicos sigue siendo muy atractiva. A largo plazo, la rentabilidad de la renta variable tiende a estar impulsada por un número relativamente pequeño de empresas de gran éxito. Aunque estas empresas cambian con el tiempo, Estados Unidos sigue siendo la principal incubadora de este tipo de negocios. La profundidad de los mercados de capitales, un sólido ecosistema de capital riesgo y la cultura de la innovación favorecen la creación y la expansión de nuevas tecnologías.
Estados Unidos también se beneficia de características institucionales que favorecen la rápida adopción de la innovación. Unos mercados laborales flexibles, un gobierno corporativo comparativamente sólido y una cultura de asunción de riesgos aumentan la probabilidad de que las mejoras de productividad se traduzcan en un crecimiento de los beneficios.
Las consideraciones geopolíticas refuerzan esta teoría. Estados Unidos es una economía grande y relativamente autosuficiente, con un sólido suministro nacional de energía y alimentos. En períodos de mayor incertidumbre geopolítica, como el que vivimos actualmente, este aislamiento ha tendido a favorecer los flujos de capital hacia los activos estadounidenses y a limitar la volatilidad relativa. Estas características ayudan a explicar por qué los inversores siguen considerando la renta variable estadounidense más atractiva que otros mercados.
Las valoraciones siguen ocupando un lugar central en el debate sobre la rotación. Aunque las valoraciones no son una herramienta para predecir el momento adecuado, desempeñan un papel fundamental a la hora de determinar los resultados a medida que evolucionan las narrativas del mercado. Los movimientos del mercado en febrero pusieron de relieve los riesgos asociados a unas valoraciones elevadas. La brusca caída de ciertos segmentos del sector del software y los servicios informáticos, a raíz de la creciente preocupación por la disrupción provocada por la IA, ilustra la rapidez con la que puede cambiar la confianza del mercado ante la perspectiva de una alteración de los modelos de negocio. Tras años de resultados sólidos y múltiplos al alza, estos valores no tenían demasiado margen de valoración cuando cambiaron las narrativas.
Las valoraciones atractivas anticiparon mayores rentabilidades en los mercados de renta variable globales

Notas: Este gráfico muestra las relaciones precio/beneficios a futuro a finales de 2024, basadas en las expectativas de beneficios por acción consensuadas por el Institutional Brokers’ Estimate System para el índice S&P 500, que refleja la categoría de gran capitalización estadounidense; el Russell 2000, que refleja la pequeña capitalización estadounidense; el MSCI EAFE, que refleja los mercados desarrollados no estadounidenses; el MSCI EAFE Small Cap, que refleja los mercados desarrollados no estadounidenses de pequeña capitalización; y el MSCI Emerging Markets, que refleja los mercados emergentes. Las rentabilidades son las acumuladas desde finales de 2024 hasta febrero de 2026. Los resultados pasados no garantizan rentabilidades futuras. La rentabilidad de un índice no constituye una representación exacta de ninguna inversión en particular, ya que no se puede invertir directamente en un índice.
Fuentes: Cálculos de Vanguard, a partir de datos de FactSet, a 28 de febrero de 2026.
Mientras que las valoraciones elevadas dejan a las acciones expuestas a una posible disrupción repentina de los modelos de negocio, las bajas expectativas que acompañan a las valoraciones más moderadas pueden aportar resiliencia y potencial de revalorización. Como muestra el gráfico anterior, muchas empresas no estadounidenses comenzaron 2025 con valoraciones históricamente atractivas y, cuando mejoró la confianza del mercado, las acciones con valoraciones más atractivas fueron las que más se revalorizaron.
El índice S&P 500 sigue cotizando cerca del extremo superior de su rango de valoración histórico, lo que refleja tanto el fuerte crecimiento de los beneficios como la prima asignada a la resiliencia de las empresas estadounidenses. Según diversos indicadores, se trata de una valoración elevada que requiere un crecimiento continuado de los beneficios y, lo que es más importante, la ausencia de acontecimientos económicos que puedan cuestionar esta tendencia.
Por el contrario, muchos mercados globales no estadounidenses siguen cotizando más cerca de sus medias a largo plazo. Es cierto que la diferencia de valoración entre la renta variable estadounidense y la no estadounidense se ha reducido tras el repunte del año pasado. Sin embargo, tras años de crecimiento impulsado por la renta variable estadounidense, las valoraciones actuales de los mercados estadounidenses reflejan un optimismo continuado, mientras que las valoraciones de los mercados de renta variable no estadounidenses muestran mayor cautela. Del mismo modo, muchos segmentos del mercado de renta variable global, al margen de las empresas tecnológicas de gran capitalización, siguen estando poco representados en las carteras globales.
El entorno actual es muy diferente de aquella década en la que los valores estadounidenses de crecimiento y gran capitalización registraban rendimientos superiores de manera constante y fiable, lo que hacía que la diversificación por estilos, regiones y capitalización de mercado pareciera innecesaria. En el contexto actual, mantenemos la opinión de que, dentro de la parte de renta variable de sus carteras, los inversores pueden beneficiarse de ampliar su exposición a segmentos de los mercados globales con valoraciones más razonables. Esta diversificación puede aportar resiliencia y mejorar el potencial alcista a medida que los rápidos avances relacionados con la IA, que ya están transformando los modelos de negocio y las narrativas de inversión, continúan extendiéndose por la economía mundial.
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