La experiencia reciente en el mercado del oro ofrece una perspectiva útil sobre la construcción de carteras. No se trata de si el oro ha «funcionado». Ha cobrado mayor relevancia una cuestión más fundamental: ¿Cómo deberían encajar el oro u otras inversiones alternativas similares en una cartera a largo- plazo?
Los precios del oro alcanzaron máximos históricos a principios de 2026 antes de retroceder bruscamente, con un aumento de la volatilidad que vino acompañado de argumentos muy arraigados sobre su valor en una cartera. Para los inversores disciplinados, la lección no consistió en predecir el próximo movimiento del oro, sino más bien en tener claridad, especialmente en lo que respecta al papel que pueden desempeñar las inversiones alternativas en una cartera, el riesgo que aportan y el realismo necesario a la hora de considerarlas como instrumentos de diversificación.
En Vanguard, el diseño de carteras parte de principios básicos. Nuestras recomendaciones fundamentales para las carteras se basan en activos que generan valor a través de los beneficios empresariales y los ingresos procedentes de dividendos e intereses. Estas carteras están diseñadas para ser resistentes en una amplia variedad de entornos económicos, incluidos escenarios adversos y extremos. Los modelos utilizados para construir estas carteras tienen en cuenta de forma explícita la incertidumbre, las situaciones de estrés y los riesgos extremos.
Función: cuál es la finalidad de los activos que no generan ingresos
Los activos alternativos, como el oro, la plata, las materias primas físicas y las criptomonedas, son fundamentalmente diferentes de las inversiones tradicionales, ya que no generan ingresos ni flujos de caja1. Su rentabilidad depende por completo de las variaciones de precio, que a menudo se ven influidas por periodos de tensión en los mercados o por cambios en las percepciones sobre la inflación, las divisas y la geopolítica.
Debido a estas características, creemos que este tipo de activos se evalúan mejor fuera de una cartera principal, en lugar de integrarlos en ella. Esta distinción no implica que los inversores deban evitar por completo los activos alternativos. Muchos optan por mantenerlos por razones bien fundadas, como la preocupación por la inflación, los posibles cambios en los regímenes monetarios o la incertidumbre política.
Sin embargo, los inversores cometen con frecuencia un error grave al tratar estos activos como elementos de diversificación, asumiendo una certeza donde solo existe probabilidad. Cuando se ignora esta realidad, se puede atribuir implícitamente al oro, a las materias primas o a las criptomonedas un grado de fiabilidad que no pueden ofrecer.
La contribución al riesgo es más importante que la cantidad de dinero invertida.
Aquí es donde el rigor cobra mayor importancia. En lugar de centrarse en la cuantía de un activo que se debe poseer en términos monetarios, una cuestión más relevante es cuánto riesgo adicional está dispuesto a asumir un inversor en relación con una cartera básica bien diversificada.
Los activos alternativos presentan una gran variabilidad en cuanto a volatilidad. Como resultado, unas asignaciones monetarias iguales pueden generar contribuciones de riesgo muy diferentes.
La figura adjunta ilustra por qué la contribución al riesgo —y no la asignación monetaria— es la forma más significativa de determinar el tamaño de la asignación a activos alternativos. Según los cálculos de Vanguard, un presupuesto de riesgo fijo de aproximadamente el 2 % respecto de una cartera global compuesta por un 60 % de renta variable y un 40 % de renta fija da lugar a asignaciones de cartera significativamente diferentes entre los distintos activos alternativos, en función de su volatilidad. Dentro de este marco, un inversor podría asignar alrededor del 11,5 % al oro, el 9,3 % a la plata o el 3,5 % al bitcoin, sin salirse del presupuesto de riesgo del 2 %. La conclusión clave es que incluso pequeñas asignaciones a activos volátiles pueden dominar rápidamente el riesgo de la cartera, lo que refuerza la necesidad de establecer límites claros de asignación.
Incluso una pequeña asignación a un activo volátil puede conllevar un gran riesgo